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Sociales

Reportajes

 

Córdoba, 15 de Octubre de 2012

Reportaje de hoy:

Dr. Juan J. Canoso
Sociedad Mexicana de Reumatología.


“Lo conozco a Juan desde hace 25 años a través de distintas conferencias y congresos. Por otro lado tuve la oportunidad y la dicha de haber compartido la atención de su consultorio en Boston durante varios días, donde demostraba sus excelentes cualidades como semiólogo y clínico en casos complejos, siempre realizada con una gran vocación y transmitiendo todas las enseñanzas hacia nosotros.

La reumatología mundial le debe a Juan, dentro de muchas cosas, el haber colaborado en la comprensión de la patología de Pares Blandas y actualmente en el conocimiento y la difusión de la Anatomía aplicada a la Reumatología.

Juan nunca perdió su identidad de Argentino y Latinoamericano a pesar de su gran prestigio en el exterior y esto se tradujo en la colaboración y apoyo que siempre brindó a la comunidad reumatológica latinoamericana.

Pero lo más importante de toda esta vivencia y lo que siempre me cultivó de sobremanera fue su empatía, su inteligencia, su capacidad como médico, su don de docente y sobre todo su humildad.

No puedo decir otra cosa más que dar gracias a Dios por poder seguir disfrutando con Juan de su personalidad y de su eximia calidad médica junto a todos sus amigos reumatólogos. “

Dr. Francisco Caeiro (Pancho)


Estimado Dr.

La Sociedad Argentina de Reumatología está cambiando. Hoy en día, uno de los principales objetivos es abrirse a cada rincón del país, desde allí a América Latina y al mundo entero.

Una forma de lograrlo es a través del conocimiento de cada uno de los que decidimos seguir el camino de esta hermosa especialidad…

Usted es uno de los Reumatólogos argentinos que ha trascendido las fronteras de nuestro País, con una excelente trayectoria con la que logró llegar a ocupar un lugar muy importante en el contexto de la Reumatología Americana.

Nos gustaría realizarle un breve reportaje, que si usted acepta, se lo formularé seguidamente.

La idea es hacer una introducción sobre sus principales actividades como médico Reumatólogo durante su carrera.

Acto seguido las preguntas… Preparado?


¿Por qué Reumatología?

Yo estaba oscilando entre especialidades (epidemiología, después infectología –ya aceptado-) pero mi jefa de residentes, una persona de gran criterio e inteligencia, me sugirió cambiar a reumatología “porque iba a recibir mejor instrucción con Alan Cohen que con Bill McCabe”. Esta persona, gran conocedora de la naturaleza humana, llegó al nivel más alto en el NIH. A ella le debo el ser reumatólogo.


¿De acuerdo a su experiencia que camino deberíamos seguir para lograr mejorar la calidad de la Reumatología?

Hablar con los pacientes y examinarlos de la mejor manera posible. Si la historia clínica y el examen no sugieren el diagnóstico es improbable que se obtenga por otros medios. Lo mismo vale para el seguimiento de los tratamientos que iniciamos.


Sabemos que sus primeros pasos los hizo Argentina y Uruguay y posteriormente en EEUU y México. ¿Qué comentario nos puede hacer sobre la experiencia de haberse formado y ejercido en tantos países?

Agradezco a la vida el haberme formado en medios donde se enfatizaba la clínica. Y dentro de la clínica, la semiología; el internado de pregrado en la cátedra de semiología del Dr. Fernando V. Gaspary en el Hospital Nacional del Centenario en Rosario y 5 años de postgrado en la Clínica Semiológica del Prof. Pablo Purriel en el Hospital de Clínicas de Monteviodeo. Después, ante la imposibilidad de entrar en la medicina académica en Uruguay me fui a USA, repitiendo mi internado en el Framingham Union Hospital cerca de Boston, seguido por 2 años más de residencia en medicina interna en el University Hospital (Boston University) y después 3 años de residencia en reumatología en la misma institución. En USA aprendí a “ensuciarme las manos” haciendo todas las pruebas de laboratorio en mis propios pacientes, tanto en medicina interna como en reumatología, a hacer punciones, examen completo del líquido sinovial y biopsias sinoviales bajo la supervisión de una gran experta, la Dra. Phoebe Krey, y sobre todo a identificar cristales. Esto último es básico en nuestra especialidad y considero que todo reumatólogo debiera contar con un microscopio, por humilde que sea, aún sin polarización, pues si se saben buscar los cristales se ven en un microscopio común. Mi llegada a México hace 19 años no fue por razones profesionales o académicas sino del corazón. Como dije hace poco por boca de un querido amigo y colega, a México vine por amor y en México vivo por amor. Paralelamente, después del bajón que significó el no poder ejercer la medicina por casi 2 años, llegué a tener éxito en la práctica privada de la reumatología. Sin embargo, después de mantenerlo a fuego lento, hace 5 años me volvió, redobladamente mi antiguo interés por la anatomía, materia que considero básica en nuestra especialidad para poder interpretar ese 30% de pacientes que tienen patologías regionales, o de tejidos blandos, más la neurología periférica y los problemas vasculares que se encuentran no sólo en enfermedades sistémicas vasculares sino en los límites de nuestra especialidad. De allí la formación del Grupo Mexicano para el Avance de la Anatomía Clínica (GMAC). Estamos en una verdadera cruzada en pos de la introducción de la anatomía clínica en los programas docentes de reumatología, materia tan básica como lo es la inmunología para el lupus y otras afecciones autoinmunes, o la bioquímica para la gota, la osteoartritis y los problemas genéticos de la colágena. Creo que al fin, después de tantos años, persistiendo con altibajos en el mismo terreno, encontré mi “nicho” en la reumatología.


¿Qué consejo le daría a los médicos en formación con respecto a buscar oportunidades de seguir su formación en el exterior?

Depende dónde. Yo le perdí la pista a los trámites para USA. De cualquier manera no considero importante salir al exterior. Proviniendo de un servicio latinoamericano (por supuesto que los hay, como en todos los campos, de distinto nivel o con distintos énfasis), trabajando duro, examinando y re-examinando los pacientes, leyendo –ahora no hay huecos de información aunque a veces requiera tretas y pecados “blancos”-, guardando cada caso visto en la computadora y presentando los casos a los docentes, la clínica es igual en todos lados. El comentario habitual del que se traslada al exterior es que no hay diferencia, o que la clínica se hacía mejor en el lugar de origen. Lo que sí puede encontrar, aunque ahora menos que antes, es que en otras partes se publica más. O que hay investigación de laboratorio de avanzada, y quizá para el que tenga este interés el irse al exterior sea una necesidad. Yo publiqué poco porque nunca tuve mucho que decir. Tampoco me gustó pegarme a trabajos a los cuales no contribuí substancialmente aunque fueran hechos por residentes míos o por compañeros con un nivel inferior. Pero sí intenté hacer observaciones sobre temas que por una razón u otra poco estaban poco explorados. Y ser breve en las publicaciones. Al Dr. Purriel le disgustaban los trabajitos que hice en su clínica sobre temas diversos y casi siempre para aplicar técnicas aprendidas en el curso de diseño experimental. El los llamaba, genéricamente, “cagaditas de mosca”. Aunque no se salga del país un dominio del inglés, escrito y hablado, es absolutamente esencial tanto para interactuar con colegas extranjeros como para publicar. Es una realidad que se debe afrontar para tener éxito en un servicio docente. Inglés como instrumento de comunicación, no por otra cosa. Conozco muchos colegas con grandes condiciones cuya proyección internacional quedó trunca por falta de ese instrumento. El inglés, aunque sin una pronunciación como la de Luis Catoggio, se puede aprender a cualquier edad. Yo llegué a Framingham a los 29 años largos leyendo inglés pero no sabiendo como se oían o pronunciaban las palabras. No entendía y nadie me entendía. Pasaron 6 meses antes de que me quitaran de la categoría de idiota.


¿Por qué partes blandas?

Nada es particularmente duro en nuestra especialidad, a no ser el hueso. Pero la costumbre nos ha llevado a separar como partes blandas a aquellas que son externas o distantes a la articulación. Por supuesto sin quitarle a la reumatología de avanzada el músculo, aún siendo blando y cumpliendo los criterios previos. Pero entrando en el tema, me interesaron los tejidos blandos porque al terminar mi residencia en reumatología y pasar a ser jefe de reumatología en el Hospital de Veteranos de Boston –creo que por escalafón porque nadie tenía más años de residencia que yo en esas épocas- rápidamente noté que nadie tenía lupus ni amiloidosis, nuestro pan de cada día en Boston University. Por el contrario, todos los pacientes tenían, añadido a cualquier otra patología –generalmente enfisema, diabetes o cirrosis-, bursitis olecraniana, dolor de espalda o dolor de hombro, entidades acerca de las cuales nunca había oído ni visto. Había por supuesto afecciones que sí conocía, como las microcristalinas, las espondiloartritis de todo tipo y la artritis reumatoide. Elegí para estudio las bursitis, sus vecinos las tendinitis, y reviví mis años de disector. Aunque adquirí cierta fama como clínico nunca me salí de mi área específica de investigación. Sin saberlo, seguía el consejo de Cajal de agarrarte a tu área como a un hueso y que tu investigación sea tal que puedas solventarla con tu peculio. Llegué a tener fondos del NIH, pero el grueso de mis observaciones las hice sin ningún presupuesto, mi laboratorio constaba de un microscopio y un lavabo donde hacía las tinciones. Los últimos 10 de mis 25 años en Boston trabajé en el New England Medical Center, hoy Tufts Medical Center. Mi asociación con Tufts, aunque a la distancia y en la medida que mis finanzas me lo permiten, continúa hasta el presente. Robert A. Kalish, gran amigo y quien fuera residente mío, ocupa el puesto que yo tuve y es miembro activo de GMAC.


¿Una experiencia dentro de su formación para recordar?
Examiné a una paciente recién admitida en Framingham, llamé a su médico y le dije que tenía una afasia. Vino a verla, entabló un vivaz y gozoso diálogo con ella, se dio vuelta, me miró con lástima y me dijo “vos tenés una afasia”.


¿Algún maestro que le marcó la vida?
Pablo Purriel porque nunca dejó de empujar. Murió examinando a una paciente.


Y un poco de todo...

1) Si no hubiese elegido el camino de la Reumatología, qué le hubiese gustado ser?
Cualquier cosa en la cual no hubiera lineamientos, cualquier terreno abierto a la imaginación. Me he guiado siempre por la intuición pero aún así, siento que la he desaprovechado. No puedo darle una respuesta concreta. Cualquier respuesta desbarataría la idea.

2) Su lugar en el mundo?
Montevideo.

3) Un libro?
El Quijote.

4) Una película?
Las vacaciones del Sr. Hulot
.

5) Si un día tuviera la oportunidad de cambiar algo de su vida… Qué cambiaría?
Trataría de liberarme de mi segunda personalidad.

Desde ya Dr. Ha sido un placer contactarlo.

Grupo Mexicano para el Avance de la Reumatología Clínica.
De izquierda a derecha:
Juan Canoso, Cristina Hernandez-Díaz, José E. Navarro-Zarza, Angélica Vargas, Miguel Angel Saavedra, Karla Chiapas-Gasca, Pablo Villaseñor-Ovies.

 
 
 
 
 
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